Curación y Sanación

Efraín Hoffmann O. Médico Holístico www.hoffmann-spa.com.ve

Curar es la aplicación de una técnica y de una metodología con el fin de recuperar o restaurar -dentro de unos “parámetros de normalidad”- el funcionalismo de alguna parte física o psíquica del individuo, que se encuentra dañada o desequilibrada. Tiene una implicación de reparación, es decir algo está dañado y “hay que repararlo”; como que si algo no funcionara bien en tu casa y alguien tiene que componerlo. La curación trabaja de afuera hacia adentro, a un nivel si se quiere superficial. Es un concepto operativo que modifica las perturbaciones en el nivel de las manifestaciones. El paciente juega un rol pasivo en el que asume un nivel mínimo de responsabilidad ante su recuperación, la mayor proporción recae en un ente externo, llámese médico, cirujano o medicamento que ejerce un poder y un control externo y ajeno a uno. Las pautas de tratamiento son rígidas y obedecen a conocimientos cientificistas y academicistas  en vigencia.
Sanar es el resultado de una transformación energética, psíquica y física  que reestablece en el organismo la vitalidad de los mecanismos de autorregulación y regeneración capaces de devolver la salud y el bienestar. Es producto de un proceso de transformación y concientización, o por mediación de un acto de amor compasivo en el que participa la gracia divina y el mundo espiritual. Implica un proceso redimensionamiento de la Vida y de auto transformación  que actúa en el nivel  de las causas y del origen. La sanación obra de adentro hacia fuera, de “arriba hacia abajo”. El individuo enfermo desempeña un rol activo de total involucramiento  en su  proceso. Implica asumir conscientemente el control de nuestras vidas  y hacernos únicos responsables de nuestra historia emocional y afectiva, e incluso de las consecuencias “kármicas” de las acciones generadas en nuestras vidas anteriores.
Para sanar tenemos que llegar a entender “la necesidad” de la enfermedad y de las disfuncionalidades  en nuestras vidas,  y en esa medida, aproximarnos al entendimiento del sentido y  propósito de la existencia. Tenemos que caer en cuenta que la enfermedad no es simplemente mala suerte o es producto aleatorio del azar, ni mucho menos un castigo de Dios. Y en consecuencia, reconsiderar la posibilidad de que obedezcan a una necesidad y a una correspondencia; de que sea sencillamente el efecto de una causa y la oportunidad de aprender de nuestros errores y corregir nuestras faltas. Porque en definitiva,  los errores que cometemos no son ten importantes como las lecciones que aprendemos de ellos.
La finalidad de la existencia es la evolución de la conciencia del Espíritu. Esto ocurre en parte, a través de numerosas y variadas encarnaciones del Alma y del Espíritu en el plano de la materia. Todo lo que ocurre en nuestras vidas nos brinda un aprendizaje. La enfermedad no es más que una difícil ocasión e interesante oportunidad de aprender sobre uno de los tantos aspectos que nos atañen. Visto de esta manera, ella cumpliría la función de un “maestro” que viene a enseñarnos algo.
La salud-enfermedad es el estado de mayor o menor capacidad y disfrute a través del cual se desarrolla el propósito de nuestra existencia. Al igual que el dinero, la salud no es un fin en sí mismo, sino un medio que nos brinda una mayor disponibilidad para la realización y el disfrute. Mientras que la enfermedad corresponde a la manifestación de los desequilibrios e interferencias que dificultan nuestra capacidad para disfrutar, vivir y manifestar la naturaleza verdadera y plena de nuestro Ser. La enfermedad pone en evidencia la existencia de limitaciones y conflictos que sufre el individuo al confrontar  las necesidades del Espíritu y las del ego, la personalidad adquirida, “la máscara y la sombra”; en fin de todo lo que encarnan las limitaciones espacio-temporales del nivel de la forma y la materia.
Enfermar es responder inconscientemente a las contradicciones y conflictos que se generan entre las múltiples y diversas energías y fuerzas arquetípicas que nos animan. En un contexto donde nos abruman las dualidades y la sensación de separatividad. Por el contrario, sanar implica conectarnos conscientemente y obrar en consecuencia con las necesidades del Espíritu, no me refiero a los breves y esporádicos momentos de reflexión que usualmente desencadenan las  situaciones de sufrimiento extremo sino a una verdadera coherencia existencial entre mi verdadero sentir y mi expresión libre. Donde debemos concienciar, aceptar e integrar las dualidades, contradicciones, tensiones  y conflictos internos que nos desvitalizan.