La vía de la Sanación

Efraín Hoffmann O. Médico Holístico www.hoffmann-spa.com.ve

Para quienes no están en capacidad de reconocer y de asumir la responsabilidad  que tienen en la creación de sus padecimientos y enfermedades, así como en la recuperación de la salud, por lo pronto, la única opción que tienen es la de, ser tratados dentro del enfoque intervencionista y supresivo  de la medicina oficial. Esta medicina le funcionará muy satisfactoriamente mientras logre apaciguar los síntomas. Podrá llegar a creer que cada vez que recurre a ella, vuelve a estar bien. Incluso puede pensar,  que se encuentra curado porque desde que toma “la pastilla”  ha dejado de sentir la penosa acidez estomacal o por que ha controlado su tensión arterial o porque gracias a ella ahora si duerme bien.
Parece ser que el concepto de cura es aplicable y válido tan solo porque se haya logrado controlar o detener el avance de una enfermedad; aunque ello no implica para nada que haya ocurrido un cambio que pueda conducir nuevamente a la salud. No es lo mismo estar asintomático que estar sano.  ¡Ojo con esto! El objetivo de la Curación es restaurar la funcionalidad y la operatividad. Si se logra esto podemos darnos por satisfechos y concluye allí el compromiso médico. Pero no se puede hablar de sanación cuando no nos hemos detenido a comprender el aprendizaje que esta implícito en esta experiencia. Ni mucho  menos  hemos corregido aún las causas que le dieron origen. Y en la enfermedad hay una multiplicidad de factores involucrados, con implicaciones no-solo físicas, sino energéticas, anímicas, psicológicas y espirituales. 
Así que para ser tratado bajo la luz del enfoque sanador y de la medicina  holística, hace falta una disposición muy especial y un involucramiento total del individuo para poder profundizar a través del proceso  sanador en el universo de las causas.  No es casual que el enfoque de la medicina oficial alopática resulte ser  mucho más atractivo y asimilable para la mayoría de las personas, ya que alienta nuestras ilusiones y fantasías infantiles de no asumir compromisos y así poder mantener el “status” y seguir iguales, con el menor cambio posible.  Resulta ser mucho más cómoda en tantos sentidos. Porque además de ser práctica, ya que no exige mucho del paciente tampoco nos hace sentirnos responsables de lo que nos ocurre y así podemos cargar a otros con la culpa...
Por una parte, no es que la medicina moderna considere que la participación del paciente no sea importante, por supuesto que lo es; pero su actitud no se considera realmente tan vital para la curación. Del paciente se espera tan solo que siga cabalmente con las indicaciones prescritas. Puesto que son los medicamentos, los médicos y sus procedimientos tecnológicos quienes deben ejecutar la labor correctora. El  tratamiento médico  se erige entonces como un poder salvador externo y ajeno a nosotros, en el cual  depositamos toda la responsabilidad de nuestra curación.
Por otra parte, la medicina oficial concibe a la enfermedad como un enemigo implacable con el que debemos luchar. Para ella el paciente es una  víctima  inocente e impotente, que ha sufrido de un injusto ataque por parte de algún malvado virus o ignominioso cáncer que atenta contra su derecho a la  felicidad. El envejecimiento y  la muerte tampoco  son concebidos como partes importantes de la vida que cumpliesen una función.
Lo que pasa es que a nuestro juicio no deberíamos enfermar, ni envejecer ni morir  ¡claro está!  Nos cuesta tanto aceptar la idea de que en el plano físico todo está sujeto a ciclos de vida y a las leyes de la termodinámica. Que todo cambia y nada permanece, que la vida se renueva y muere a nuestro alrededor constantemente como las estaciones... Le damos tanta importancia al cuerpo que aspiramos a su inmortalidad, cuando es nuestro espíritu quién ya es inmortal.  Nos aferramos a lo cambiante y pretendemos su eternización, mientras que no prestamos mayor atención a las cuestiones del espíritu, que es donde radica nuestra perdurabilidad y lo que verdaderamente debería importar, pues es en él donde podemos experimentar la plenitud, el gozo y la más imperturbable paz..
En contraposición a la visión reparadora, supresora y contenedora de los procedimientos médicos curadores. Los procesos de sanación en cambio exigen del individuo una actitud esencialmente activa, alerta y responsable. Porque van dirigidos a la revisión de nuestras circunstancias internas y externas y a la eventual corrección de nuestros probables errores u omisiones. En un proceso dirigido a recrear la vida de modo tal que se active en nosotros la voluntad y la disposición para generar un cambio.  La voluntad de reconocer la forma en la que se han canalizado mal las energías y la voluntad también, de utilizar  la energía para crear amor, autoestima y salud... Tenemos que llegar a comprender que parte vital de la  enfermedad  lo constituyen nuestras actitudes insanas y negativas, es decir, porque hasta cierto punto somos creadores de nuestros  padecimientos. Pero hace falta valor,  valor para  aceptar las verdades ante las cuales nos tornamos ciegos e impotentes aunque en el fondo de nuestro ser sepamos lo mucho que nos afectan.
La Sanación  implica  también que además de liberarnos de los conflictos con lo que convivimos, ocasionados  por los  miedos y pensamientos negativos dirigidos hacia uno mismo y hacia otras  personas. Tenemos que rectificar hábitos de vida porque en de todo estado patológico,  también tenemos que liberemos de las toxinas y tóxicos, de los agentes infectantes que eventualmente nos agreden  y hay que garantizar un aporte  nutricional apropiado.
Nos enfermamos porque dejamos de ser leales con nosotros mismos, y reiteradamente generamos patrones conductuales que  violan nuestra  naturaleza. Ninguna  enfermedad  se produce al azar, ni por mala suerte, ni mucho menos es un castigo divino. Cada  padecimiento corresponde  a una modalidad  determinada de conducta   equivoca  o de nuestra manera particular  de responder al estrés. Por eso la importancia  de conocer nuestras tendencias. El logro de ello es efectivo y necesario para la  evolución del espíritu aunque el envejecimiento y la muerte física sean inevitables, aunque se deteriore el cuerpo con la edad y se afecte la memoria, lo hayamos logrado en conciencia  permanece con nosotros por siempre.